Angel

Compilaciones (By Angel)

Cuentos (By Angel)

Se erguía la tarde con tenaz elegancia, Karina parecía perderse en sus recuerdos, a veces esos duelen más que una puñalada. Pensaba en el pasado, en lo feliz que era con Enrique, a pesar de que él ya no estuviera con ella aún lo quería. Después que todo acabó no podía creerlo, fue tan rápido, tan certero. Ella no podía imaginar que después de ese día su vida no volvería a tomar sentido, jamás esperó que eso pasara; sin más ni menos Enrique la había traicionado con Javier, su mejor amigo.
La noche es el clima ideal para que dos personas muestren todo lo que la naturaleza ha sido capaz de darles. El sudor corre entre los dos cuerpos apasionados, solo los besos rompen el silencio. No hace falta amor para sentir placer, Dios nos ha creado con la capacidad de improvisar, los coordinados movimientos asemejan un baile coreográfico en la oscuridad. ¿Será acaso un arte el tener sexo?, quizás, pero lo que es seguro es que es un instrumento musical tocado por una pareja, el cual si se toca mal puede hacer que la música suene fea. Con él pueden tocarse varios tipos de armonías, desde jazz hasta un loco Rock and Roll. Puede compararse también con un deporte extremo, pues se siente tanta adrenalina como si estuvieras subiendo una montaña. Es importante decir que el milagro resaberse vivo se lo debemos al sexo, porque de él nacen las vidas en todas las especies del planeta. Sin duda es lo más grande que ha podido concebir la especie humana.
Salpicaba en el cielo las últimas luces de la tarde, Sergio sonreía al pensar en Mariam; recordaba con tesón el instante en que rozó sus labios con los de ella, fue su primer beso, pero a pesar de eso le parecía que lo había hecho toda su vida, a él no le importaba que hubiera actuado mal, lo hecho, hecho está. Ese día en el jardín la había forzado, y no le importaba a pesar de haber recibido una bofetada como premio.
Rasgaba la tarde la mirada de Sandra, que recordaba con dolor a Ema. Ella era su mejor amiga, aunque su madre no quería que lo fueran. Sandra creía que las dos tenían un futuro maravilloso y que su relación duraría por siempre. Recordaba sus caricias y esa sonrisa que la volvía loca. De no ser por Karla, ellas aún fueran pareja, quizás y hasta se hubieran casado.
Las sombras de la noche cubrían la habitación de Estela. Lloraba en silencio, para que sus padres no la escucharan, el dolor la consumía hasta casi arrancarle el aliento, no podía soportar que ya no estuviera, ¿la vida no podía quitarle otra cosa?, ya no había marea que regresara. Él era la persona que ella más amaba y a pesar que eran novios en secreto, para ella era la relación más preciosa del mundo. Solo la luna y la soledad eran testigos de su amargura, causada por la pérdida de un amor atropellado.
Morían las horas en el subconsciente de Roxana, sin saber que ocurría en la habitación de al lado entre Karla y su padre. Cuando tienes solo nueve años es difícil entender que la persona que te crio toda la vida no es quien aparenta. Por ser la más grande de las dos hermanas, era la pobre Karla la que sufría las consecuencias. Todas las noches se escuchaban por toda la casa los ensordecedores gritos de la joven que la pequeña interpretaba como una infernal rutina entre su papá y su hermana mayor. Los vecinos temían llamar a la policía por tan atroz acto de inmoralidad, pero solo esperaban que a Roxana no le tocara sufrir lo que a Karla le había tocado aguantar callada.
No hay opción: muero mañana. En el último día de mi vida quisiera despertar. La tristeza que me embargaba fue la causa de mi muerte. Salí de prisa del hospital, me aseguraron que mi hija no despertaría. Arraigaba un sentimiento: culpa, si no le hubiera hecho ese regalo esto nunca habría pasado. Llovía, las luces de los rayos iluminaban el cielo, lo último que recuerdo es mi hija en su bicicleta.
Cae la noche. Bajo la sombra de Amanda reposa el cadáver. Observa con odio como la sangre mancha las piedras de la calle. Después, comienza a llorar, no de dolor, ni de arrepentimiento, sino de alegría. Por primera vez se sentía libre, menos sucia y más mujer. Su vida era solo un sin fin de sucesos traumáticos, provocados por su tutor que la obligaba a vender su piel desde niña. Finalmente puede ir tras sus sueños, convertirse en maestra y tener muchos hijos. Pero el tiempo es siempre nuestro enemigo, por quedarse a meditar su futuro en ese lugar, llegó la policía, la apresan y jamás puede volver a saborear la libertad.
“Hay cosas en la vida que no pueden soportarse,” pensaba Susana en voz baja, su aislada mente solo arraigaba un sentimiento: Venganza. No podía permitir que la usaran así, José debía pagar por lo que hizo, no es justo que, si ella lo quería tanto, él la traicionara de esa manera. “Lo mataré”, se repetía una y otra vez: “se arrepentirá mil veces de haberme quitado a mi hijo”.
Se acercan las 6.30 de la tarde, Melissa toma desesperada su posición; allí está él, tan perfecto como todos los días, en estos casos es mejor ni pensar, solo observarlo. ¡Como quisiera ella poder cumplir todas sus fantasías! Se pone de mal humor cuando ve que otra lo besa y lo abraza, así es la vida, ella soñando despierta por no tener lo que a otras les sobra. Quizás en otra vida logre estar con él, pero ahora debe conformarse con ver el programa todos los días a las 6.30.
El tiempo, factor más importante que nos define la vida. Cuando te condenan a ciento dos años de privación de libertad, es el tiempo lo que más sobra. Ese día todo estaba pensado; salí en el camión de la basura y fui a dar a una casa en medio del campo, allí vi a una pareja, que parecían ser un matrimonio, unos veinte minutos más tarde, vi salir al hombre y me percaté de que la joven mujer había quedado sola, me adentré por la puerta trasera, la amenacé y le pedí que me preparara comida y me diera ropa para cambiarme. En la televisión pasaban un boletín que anunciaba mi búsqueda. De repente sonó el teléfono, le ordené que lo cogiera y que respondiera solo lo que yo le pidiera, era su madre; — ¿Lucía, eres tú? — dijo asombrada la madre —sí soy yo— contestó asustada— ¿Dónde está Héctor? — preguntó medio alterada — fue por víveres a la tienda y regresará en la noche— fue la maquinal respuesta de la joven — ¿Estas bien? — añadió algo confundida la madre —sí, debo cortar, adiós—. Le dije que debía irse conmigo porque la policía no me esperaría con una chica; me suplicó y tuve que golpearla varias veces para que accediera. Cuando íbamos a salir llegó la policía, y en ese instante mi plan quedó roto. Al preguntarles a los oficiales cómo me habían encontrado, me respondieron que la mamá los contactó porque habló por teléfono con su hija, cosa que nunca había hecho porque la muchacha era sorda.
Era una de las noches más oscuras de mi vida. Salí tarde de la escuela, con miedo de no alcanzar un ómnibus a esa hora, me tocó el último. Al bajarme, caminé con pasos apresurados por la calle desierta, escuché un ruido, alguien se acerca, manos sudorosas ahogaron mis gritos, al volver en mí, busqué la mochila, al darme cuenta que no estaba supe que había perdido mi tesis de fin de curso. ¡Que desgracia, la graduación es mañana ¡
La noche era quieta y callada, incluso el ruido de un pestañeo era espeluznante. Sabrina, estaba sola en su habitación debido a las confusiones que se producían en el frío entorno, no podía dormir. De pronto se escuchan pasos y un sonido de cadenas que se arrastran, con un gesto brusco se tapó la cabeza, segundos después el sonido cesó, se destapó lentamente, observó que delante de ella se erguía un cuerpo atemorizante, parecía decapitado, sintió escalofríos, el cadáver sin cabeza se acercaba en un fantasmal suspiro, el miedo la poseía a tal punto de no dejarla gritar. Ya sentía esas frías manos sobre su piel cuando su madre encendió la luz y el joven espectro desapareció entre las sombras de la noche.
Todas las chicas sueñan con su primera vez y Elena no era la excepción, para una chica de dieciséis años, eso es uno de sus principales pensamientos; claro que ella no deseaba que fuera pronto, pero sí que sucediera algún día y que fuera especial. Ella no se imaginaba que sus sueños se cumplirían de la peor manera posible. Una noche salió con sus amigas y estas la dejaron con un chico al que no conocía, después de algunos tragos, se sintió mareada y lo único que recuerda después de eso es amanecer en la cama de un hotel completamente desnuda al lado de un extraño.
Claudia era una joven muy amable. Tras la mudanza debía asistir a una nueva escuela. Al llegar saludó con una bonita sonrisa a su compañero de mesa. Todas las mañanas era igual, a pesar de ser el chico más retraído del aula ella siempre lo trataba con dulzura. Una tarde mientras estaba en el baño sintió la mano delgada del muchacho apretando su boca, atinó a gritar, pero sintió la navaja rozando su cuello: - sonríe para mí-, le ordenó él con una voz que le dio escalofríos: -por ser tan bella, vas a darme ahora tu mejor sonrisa.
El oscuro entorno hace que la romántica velada sea inolvidable. La música suena, los cuerpos se mueven tan coordinados como si fueran uno solo. El Tango, con todas sus vueltas y sus discretos coqueteos, es el baile perfecto para expresar la atracción sexual. Una rosa pone el detalle para que resalte la magnificencia de los gestos.
Las horas pasaban rápidamente, Celia y Luís salían juntos del trabajo, y en el fondo de un hotel barato se escondían para amarse sin que nadie lo supiera. Mientras tanto se acercaba la noche y Natalia esperaba vestida con su mejor ropa a su esposo que no llegaba para recogerla he ir juntos a cenar “quizás tiene mucho trabajo y no puede acudir a nuestra cita” pensaba ella en voz baja. Después de tres horas de agotadora espera, Luís entró por la puerta: - ¿Dónde estabas, amor? –replicó Natalia con tono suave y calmado -te he esperado por horas -él la miró de reojo y con vos perezosa dijo: - demasiado trabajo, amor, nuestra cita deberá aplazarse otros dos días más.
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